lunes, 13 de julio de 2009

De cara a la galería

En la terraza del hotel Don Manuel se reúne una buena muestra de lo que se puede encontrar en la Semana Negra, desde que incorporó, hace años, historieta, novela histórica, testimonial y ciencia ficción.
Pasamos por allí y tiramos unas fotos. Después los acompañamos a una comida en el hotel Jovellanos y seguimos tirando fotos. Esto es lo que hay.

1-Juan Ramón Biedma (Sevilla), el tipo que mejor mezcla el gótico con la novela negra y Fernando Marías (Bilbao), el hombre que parece, por la sonrisa, estar siempre ocultando un secreto tal vez divertido.
2- Sebastián Rutes (París), sus documentos dicen que nació en Francia. Pero por ascendencia española y amistades mexicanas, habla el castellano más o menos como uno. Empezó en la Semana como periodista y crítico, pero cambió de bando ya con dos novelas. Un tardío ¡bienvenido a bordo!.
3-Cristina Macia, escritora, traductora y uno de los motores esenciales para que la Semana Negra exista cada año. Su congoja y sus lágrimas cuando todo termina y cada uno parte para su casa son proverbiales.
4-Elia Barceló (Alicante) vive en Austria y desde allí escribe sin límites de género. Eso sí, está considerada como una de las grandes “damas de la ciencia ficción”. Aún está por verse una Semana sin Elia.
5- Goran Tocilovac (¿París, Perú, Serbia?) Goran nació en un sitio que ya no existe: Jogoeslavia. Comenzó la escuela primaria en EEUU, la terminó e hizo el secundario en Buenos Aires, fue a la universidad en Lima, donde comienza a escribir, y hace decenios que reside en París, asumido como serbio. Para los semaneros es escritor peruano, para él, según la circunstancia, dado que el mundo es redondo, para usted… saque sus consecuencias.
6-Fritz Glokner (México DF), escritor y librero que, como su nombre lo indica es más mexicano que Jorge Negrete y Cantinflas el pinche buey.
























sábado, 11 de julio de 2009

Tren rigurosamente vigilado


El Jefe, PIT II, o Paco Igancio Taibo II, presenta a la prensa, en el vagón "usos múltiples" el libro "Buscando a Belarmino Tomás", junto a su autor Jorge Belarmino Fernández. La cara de Paco no refleja odio, ira o algo por el estilo; es así nomás cuando se entusiasma.

Alonso Cueto (Lima) y Guillermo Martínez (Buenos Aires) se chamullaron tres bibliotecas y un par de cines en el vagón "no fumadores".



Guillermo Saccomano (Buenos Aires) en un momento de profunda meditación trascendental en el vagón "fumadores", tan profunda y tan parecida a la siesta que cualquiera se confunde.




Ernesto Mallo, platense 100 por 100, cuando fue sorprendido, en la estación de Mieres, donde el tren hizo un alto para unas sidras, tratando de camelarse a una de las gaiteras. Dicen que dijo, no nos consta: ¡Cómo soplan, yo quiero una!
Seguiremos informando.

martes, 7 de julio de 2009

Pudores y agradecimientos

Ella me dice:
-¿Le has agradecido a Orsi que te dedicara “Ciudad Santa”?
Y me quedo como un boludo, porque nunca leo ni prólogos ni dedicatorias.
Recurro al libro y ahí está: “A Raúl Argemí, Carlos Balmaceda, Juan Ramón Biedma y Alejandro Gallo, por orden alfabético, como en los créditos cinematográficos”.
Entonces me pregunto qué habría hecho si lo hubiera sabido desde el principio. Difícil afirmarlo, pero... no sé si hubiera sido tan entusiasta en el elogio del libro. Cosas del pudor de barrio, supongo.
Por suerte no es más que especulación trasnochada, porque lo hecho, hecho está.
Lo que queda es dar las gracias. Por asociarme a tan buena novela y por sumarme a tan buena compañía. Con una línea media como esta me animo a hacerle partido a cualquiera.
Gracias, flaco, de todo corazón.

sábado, 4 de julio de 2009

¿Quien dijo que la vida es justa?




Anoche empecé a leer “Ciudad Santa”, novela de Guillermo Orsi, y cuando iba por la página 88 -un tercio aproximadamente- supe tres cosas. La primera, que no pegaría un ojo si no la cerraba de inmediato, porque es droga dura y no se deja dejar. La segunda y la tercera son una buena y una mala. Voy por la mala, para que la buena endulce la bronca.
(Aviso para navegantes: me voy a poner “borde”, guanaco, mondonguero.)
La editorial Almuzara le “tradujo” la novela, porque no creo que lo haya hecho Orsi, que si lo hizo de esta manera hay que retirarle el saludo para siempre.
Algún descerebrado que nunca salió de su puto pueblo, pero tiene un diccionario de la Real Academia metió mano. Algún burro con las cuatro patas en la cabeza, que supone que los argentinos hablan y escriben como el culo, soberbio tinterillo que no puede aceptar de una puñetera vez que un argento dice “sos” en lugar de “eres”, se los cambió por “sois” que suenan como una patada en los huevos. Para tomar solo un ejemplo, y no dar soga al disparate.
El resultado es un emplasto de lengua de ninguna parte, y una falta de respeto hacia el autor y, sobre todo, hacia los lectores españoles, porque quedan pocos que no adapten su oído a variantes del castellano no peninsular, y esos usan los libros para alcanzar la cerveza del último estante.
Señores editores -digo señores no por machista sino por caballero, a las señoras no las puedo tratar mal- esto es una reverendísima putada. ¿Qué pasó? ¿Le hicieron un favor al primo Pepe, que está sin trabajo y una vez casi se leyó El Quijote? ¿Le dijeron: “oye, tío, tú que en los curas tenías buena caligrafía échale un amaño a este argentino, que no lo entiende ni su madre”?
Pues están jodidos, porque los lectores somos inteligentes; hasta los argentinos lo somos, por ser lectores, claro. Entonces hago de cuenta que el original fue escrito en esperanto y lo tradujeron con el google, que es más divertido que Gila. Así, haciéndome el boludo con los dislates, y porque la novela es buena que te cagas (¿esto lo entienden, verdad?) y se salva solita, como Tarzán cagando a trompadas a una horda de cocodrilos, la disfruto como un condenado.
Sí, señor. Uno sabía que Orsi es un buen escritor, pero en “Ciudad Santa” juega en primera internacional. La calidad de los personajes y esa circunstancia llamada Argentina; el ojo que narra con la distancia de un entomólogo y una precisión de autopsia; el dolor, la piedad y la ironía para no morir del todo, colocan a Orsi entre los diez mejores autores sudacas, esos que no saben hablar español.


(Sigo “borde”, guanaco, mondonguero.)

¿Y por casa como andamos? Los pelotudos de los argentinos, que siempre se miran en el ombligo equivocado, todavía no descubrieron a Guillermo Orsi, ese flaco, largo y tanguero, exiliado junto a un lago trucho, en el corazón de Argentina. Tendría que cogerse alguna princesa de Mónaco, o morirse, que eso siempre ayuda pero no es de desear, para que descubran a un narrador que, si fuera sueco, estaría vendiendo millones.
Hay que joderse con tanto boludo suelto…
Síntesis con buenos modales: no se puede perder “Ciudad Santa”, está escrita con maestría y desde el fondo de las tripas. Es tan potente que puede hasta con los correctores Sancho Panza. ¿Quien dijo que la vida es justa?

martes, 30 de junio de 2009

MJ Rip


Ha muerto el Joker.


¿Qué será ahora de la vida de Batman?