jueves, 19 de junio de 2008

Hay humor inteligente


Se nos ha sumado un lector de fuste, Ernesto Rodera. Los que tienen la suerte de leer sus piezas de humor gráfico en ADN saben quien es. Para los que no tienen esa suerte diré que es el humorista gráfico más agudo e inteligente del momento. Espero que este elogio no lo haga desistir de su intención de participar seguido.
El quía de este blog, viejo ladrón, robó algo de Rodera en la red para que lo vayan catando.

sábado, 14 de junio de 2008

Horacio Elena


Horacio Elena es de La Plata. Horacio Elena vive en Sitges, no muy lejos de Barcelona. Horacio Elena es un buen tipo. Todos datos accidentales, pero aparentemente necesarios para construir una mini biografía.
Accidentales porque nacer allí, vivir aquí o ser un buen tipo, inciden poco en la calidad de la obra de un creador. Si los creadores hubieran tenido que ser, siempre, buenos tipos, la humanidad tendría muchas, muchísimas menos obras de arte. Así que a lo que cuenta: la obra.
Para los que saben de qué hablo, diré que por los ´60 Horacio era parte del “Grupo Si”, una banda de artistas plásticos de las que se repiten pocas veces. Después, porque la vida es cambio, llegó la diáspora, y el tipo, con sus inquietudes a cuestas, se largó a patear caminos de Latinoamérica, hasta que aterrizó en España; y aquí se quedó.
Cuando lo conocí, en el ´99, parecía renegado de los pinceles “grandes”, y entregado a la ilustración de libros, relatos para niños y portadas. Pero entonces algo en el fondo le hizo “click”, y volvió al ruedo con una serie sobre desaparecidos, madres y dolores profundos. La distancia no nos hace inmunes a la barbarie, y la carne propia puede estar del otro lado del océano.
Luego, el florecimiento, con una madurez expresiva que conmueve hasta el fondo.
Me llena de admiración el retorno del guerrero, y me llena de angustia pensar que tanto talento podría haber quedado escondido en algún oscuro pliegue del alma.
Como las obras se miran, se ven, se observan, se deja que nos penetren, le pedí permiso a Horacio para que se sumen nuevos ojos. Si pinchan en este link accederán a una generosa retrospectiva, un mini reportaje, y al testimonio de su paso reciente por Argentina. No es para perdérselo.

http://www.horacio-elena.com/paintings/index.html

viernes, 13 de junio de 2008

¿Chiste de gallegos"


Los argentinos somos unos jodidos que nos creemos más inteligentes que nadie. Los argentinos, sin saber que los heredamos de vascos, catalanes, andaluces y otras yerbas, cultivamos como propios los chistes de gallegos. Gallegos de Galicia, que sin son “gayegos” son de toda la península.
Después de este mea culpa uno se enfrenta con la realidad. Por ejemplo:
Mariano Rajoy es el número uno del PP (Partido Popular). Mariano Rajoy, que nació en Galicia, nunca se desprende el papelito. Para acusar en el Parlamento, o para despotricar en la tribuna, no puede decir una palabra sin consultar el papelito. Siempre en su mano izquierda. Siempre al alcance de los ojos.
Mariano Rajoy dice:
-¡Su señoría…! (consulta el papelito) ¡El gobierno debe reflexionar! (consulta el papelito) ¡La situación económica la exige! (vuelve a consultar el papelito)
Un político de esa envergadura no puede consultar un papelito para decir cuatro pavadas. ¿Por qué lo hace?
Dos opciones:
1-Le faltan varios músicos en la orquesta.
2-Es como Dumbo. Se agarra del papelito porque alguien lo convenció de que con eso en la mano puede volar.
En Argentina, si un dirigente sindical, político o de fútbol tiene que consultar un papelito para decir, como Rajoy o el papá del Príncipe Larguirucho, “Españoles, feliz Navidad”, se hunde en el ridículo.
Los argentinos somos jodidos, y tercermundistas, pero… ¿no será que los chistes de gallegos no son sólo producto de la mala leche?

domingo, 8 de junio de 2008

El camaleón sigue cambiando de color


El camaleón no se detiene. "Penúltimo nombre de guerra", primero se me hizo italiano, luego holandés y ahora alemán, editado por Uniónverslag. Los convido con la portada y un chamullo del catálogo.


Alles ist wie ausgelöscht, als der Journalist Manuel Carraspique nach einem schweren Verkehrsunfall aus dem Koma erwacht. Man hat ihn ins Krankenhaus eines argentinischen Provinznestes gebracht, wo er, ans Krankenbett gefesselt, vor sich hin deliriert. Bis er begreift, wer im Bett neben ihm liegt: ein bis zur Unkenntlichkeit entstellter indianischer Exorzist, der im Wahn seine Familie niedergemetzelt haben soll.Manuel wittert die Story seines Lebens und bringt seinen Bettnachbarn zum Reden. Haarsträubendes kommt ans Licht, und immer wieder fällt der Name »Cacho« - ein Priester, ein Dealer, ein während der Diktatur gefürchteter General? Ein atemberaubendes Verwirrspiel nimmt seinen Lauf, bei dem die Grenzen zwischen Erinnern und Vergessen, zwischen Vergangenheit und Gegenwart zu verwischen drohen. Dies ist der bewusst gewählte Erzählstil eines Autors, der in der Zeit der Militärdiktatur selbst zehn Jahre lang politischer Gefangener war.Literarische Preise für Raúl Argemí: Premio Felipe Trigo (2002)Premio Dashiell Hammett und Premio Luis Berenguer (2004)Premio Pedro García Pavón (2005)Premio Tigre Juan (2006)Premio L’H Confidencial de novela negra (2008).

martes, 3 de junio de 2008

"Patagonia Chu Chu" a la italiana






Spirava un vento freddo, tipico delle ore che precedono l'alba, quando l'autobus, con un rumore di ferraglia tenuta insieme alla meglio, si fermò davanti alla stazione ferroviaria. Il conducente attese giusto il tempo che scendessero i due uomini e poi si allontanò con il suo carico di contadini addormentati.Uno dei due era alto e con il viso incartapecorito, le rughe provocate dal sole gli allungavano gli occhi. I capelli biondi, schiariti da qualche ciuffo bianco, gli davano un'aria da gringo, confermata, se fosse stato necessario, da un paltò da boscaiolo a grossi quadri. Portava in spalla una sacca da marinaio di tela rinforzata.L'altro era di una spanna più basso, e aveva le spalle ampie di un sollevatore di pesi incurvato per un infortunio. Un paio di baffi scuri, disuguali, gli divideva in due la faccia. Al contrario del suo compagno, sembrava che non avesse mai visto il sole.«Avremmo potuto viaggiare sul tetto dell'autobus e ci saremmo risparmiati il biglietto...» protestò il più basso scuotendosi i vestiti con rabbia. Ogni colpo sollevava una manciata di polvere che il vento si portava via verso una destinazione ignota.«Però siamo arrivati in tempo» disse il biondo controllando l'orologio. «Era tutto calcolato...»«Sì, lo so, freddamente calcolato» borbottò il più basso, con il tono di chi si è sentito ripetere quella frase fino alla noia. «Esatto, freddamente calcolato...» ribadì il biondo con un mezzo sorriso. «Appena cinque minuti dopo le sei, e quella dev'essere la stazione ferroviaria.»«Un cioccolatino per l'informazione. Andiamo, Haroldo, sto morendo di freddo.»Il più basso si calcò in testa il berretto con la visiera e, sollevando una piccola borsa, cominciò ad allontanarsi con un'andatura impacciata per le gambe intorpidite dallo scomodo viaggio. Ma si fermò subito perché il biondo non lo seguiva. Al contrario, sembrava più immobile che mai e si guardava intorno con aria distratta.«Ehi, si può sapere che aspetti?»«Parla con me, signore?» «E a chi sennò? Ma porca di quella putt... Ah, ho capito, mi sono dimenticato i nomi di battaglia. Non le sembra opportuno che la smettiamo di congelarci le palle ed entriamo in quella maledetta stazione, signor Butch Cassidy?» «Assolutamente, signor... Juan Bautista Bairoletto. Anche se non c'è fretta, il treno passa alle otto di mattina.»

Del catálogo de La Nuova Frontiera. Un adelanto.
http://www.lanuovafrontiera.it