lunes, 14 de mayo de 2007

El GDA en acción


A veces los que están lejos se preguntan que clase de argentinos los representan en “las europas”. Para aproximarnos a una respuesta publico esta foto, tomada en las laderas del Montseni, cercanías de Hostalric, Cataluña.
Convocados para talar y hacer leña un par de árboles que habían nacido sin permiso, se constituyó, un día soleado, este “GDA” Grupo de Desforestadores Argentinos, que más bien parece un cruce entre la “Brigada de la Muerte” y los Hermanos Marx. En la foto, cargan contra un pobre árbol.
De izquierda a derecha: con la motosierra, el socio de Grafolito del Duraznero. Segundo y mostrando músculos, “Quiles”, músico, ecologista y deforestador. Sigue Pascualito, el que se peina agarrando un cable pelado. Luego, Carlos, el “Tordo guitarrero”, y por último, cuidando los ataques por el flanco, Daniel “El Negro”. Detrás de la cámara, como para no quedar pegado con el resto, Ronald M. S. el “Escocés cuyano”.
Ahora ya saben qué caras tienen sus representantes en Europa. Nunca más dormirán tranquilos.

miércoles, 9 de mayo de 2007

Se nos fue una Madre


Me acabo de enterar de que se nos fue “La Gallega”. Para los documentos de identidad y otras habitualidades, era Sara García Muñiz, para mí y para muchos otros, era “La Gallega”.
Uno de sus hijos, Gonzalo Carranza, fue un querido compañero de “tumba” al que desaparecieron la noche del 2 al 3 de febrero de 1978, de la cárcel de La Plata.
Gonzalo era un tipo con humor, y estaba claro que lo había heredado de su madre.
“La Gallega”, como la llamábamos porque había nacido en España, o eso creíamos, nunca se entregaba. Siempre tenía una sonrisa y el ánimo dispuesto a la risa y a la broma. Era una maravilla hablar con ella en las visitas en que nos atiborrábamos de mate, en la cárcel de Devoto. Y era un aliento, un empuje para no entregarse, cuando ya no hubo mate, pero sobraron los palos y los encierros.
Claro, como muchos, “La Gallega” vivió sus propios cambios. Un día fue la tortura. Para ella y para su hija menor, una piba muy jovencita.
Luego, el exilio de la hija, primero a Alemania y luego a cualquier parte que no oliera a tortura. Y ella aguantando. Haciendo el “aguante” a Gonzalo, que estaba preso.
Hasta febrero del 78. Sí, el mismo año del mundial de fútbol.
Entonces, sin haberlo pedido, la hicieron Madre de Plaza de Mayo. La hicieron digo, porque más allá de la voluntad y la decencia, son los hijos de puta los que hicieron a las Madres de Plaza de Mayo. Seguramente, si hubieran podido elegir, ellas elegían otro destino.
Luego de la desaparición de Gonzalo Carranza, casi nada supe de ella. Hasta que vine a Barcelona.
En ese diciembre en que estalló la crisis anunciada, para parir al “corralito” y todas sus consecuencias, los argentinos en Barcelona, con la solidaridad de un montón de “gayegos”, convocaron una concentración ante el ayuntamiento.
Fui, como tantos otros. Y en un momento en que el impulso “patriótico” pudo más que la vergüenza, unos cuantos se pusieron a cantar el himno argentino.
Entonces escuché una voz que los increpaba. Que decía por “esas cosas” –el himno y sus implicancias patrioteras- en Argentina habían matado a miles.
Era una Madre de Plaza de Mayo. La única presente.
Entonces reparé que además del pañuelo blanco, en el pecho llevaba prendida una foto. La foto de Gonzalo Carranza. Era “La Gallega”.
Dos o tres veces nos juntamos a tomar mate, porque vivía en las cercanías de Barcelona, y otra vez fue un gusto recuperar su humor y sus ganas de vivir, a pesar de todo.
Hoy ya no está. Y me llena de tristeza, porque reparo en lo que no queremos ver: las Madres de Plaza de Mayo se han hecho muy viejitas. Y se nos van. Gota a gota.
Tal vez, un día, si vivimos lo suficiente, sean un episodio de la Historia.
Pero ya no será lo mismo. Con seguridad, no será lo mismo.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Le faltaron los ingleses


Hace un par de días un diario regaló en España el video donde el pibe Messi hace un gol calcado al de Maradona contra los ingleses, y lo titula “el gol de la Historia”. Está claro que exageran.
Porque el gol, es cierto, cuando uno lo mira provoca escalofríos. Esos escalofríos casi eróticos que bien conoce todo hincha de fútbol, porque es como asomarse al arte más desnudo, a la existencia de los dioses. Pero le falta el entorno, que hace a la diferencia.
El gol de “el Diego” fue contra Inglaterra. Y eso, para un argentino, no tiene precio. Pero, para completar la cosa, primero les había hecho un gol con la mano, a pura picardía. Y eso, para un argentino, tampoco tiene precio.
El viejo Borges, un ciego que muchas veces veía mejor que nadie, definió el ser argentino por su juego más popular: el truco. Trampa, astucia y picardía para “engrupir” o “correr de apuro” al contrincante; para ir más allá de lo que la suerte y las cartas nos auguran. Algo así -si me permiten el dislate, que los hinchas de fútbol somos lo que somos- como el empecinamiento de los héroes de la tragedia griega, que un día decidían cagarse en el destino, y se la rebuscaban para vivir su vida, más allá de los razonables “posibles”.
Por eso nos gustó el gol con la mano: “La mano de Dios”. Pero más nos gustó que, después, como para mostrar que sobraba talento, Maradona apilara contrarios como si fueran de madera, como si los ingleses hubieran ido al bar antes de entrar a la cancha.
Eso, nada más que eso, es lo que le faltó al pibe Messi. Por lo demás, fue calcado. El pibe es un fuera de serie. Uno en cien millones.
¡Ah! Y cambiando de palo. Que el FBI diga que me vigilaría si voy a los EEUU, me deja perplejo. ¿No tienen nada mejor que hacer, estos boludos? En fin, que no pienso ir, así que, tranquilos muchachos, sin alarma.

jueves, 26 de abril de 2007

Bocaditos de aire


Para “parar la olla”, porque los libros no dan tanto jugo, trabajo en los montajes de un catering. Un trabajo bastante duro y muchas veces sucio, propio de inmigrantes sudacas, y pagado como tal. Sólo que tiene algo bueno, a veces se transforma en una puerta al absurdo o a la obscenidad.
Esta semana trabajé en y para una cena de 2.500 comensales. Decían que eran algo así como los dueños o administradores de toda la reserva de gas licuado del mundo. O sea, lo que se dice: pobres.
La parte culinaria, como corresponde a la categoría de la cena, estaba a cargo del más famoso cocinero catalán, al estilo de su restaurante en Barcelona, donde reservar mesa requiere meses de espera y cartera repleta. Es decir que la parte comible del asunto era todo lo cara que uno se atreva a imaginar.
Cara, y acompañada de cocineros empeñados en ser artistas. Cocineros de burbujas de aceite que explotan en la boca con sabor a aceituna, pero no demasiado. Cocineros que orquestan platos con pulpos y salsas, con una creatividad y un arrobo que dejan a Pablo Picaso a la altura de un albañil de pueblo.
Claro, el arrobo creativo es caro, y si a eso se le suma escenografía, espectáculo, infraestructura, etc, etc, ya se sabe; menos mal que queda gas licuado.
Bien, los supuestos jeques tal vez se fueron de putas o tenían otros negocios que atender, y faltaron.
Faltaron mil -(1000), M.I.L, ¿lo digo de otra manera?-, mil invitados a la cena.
Y los arrobos, y las monsergas, y los chupetines de chocolate, y el aperitivo creativo, y los bocaditos de aire con sabor a aceite que explotan ¡tilín! en la garganta, y el pulpo y la carne y todo lo de esos mil (1000) que no se sentaron a la mesa, tomó el camino de la bolsa negra y la basura.
Cara la basurita. Tan obsceno que dan ganas de vomitar. Porque no sucede a cada tanto. Sucede todos los días. ¿Tirar tanta comida? No, aunque también. Sucede todos lo días el comprobar que los artistas, los creadores que representan mejor este siglo son los que cocinan para barrigas sin hambre. Para los nuevos ricos, los ricos de siempre y la progresía que ve de buen tono ser decadente, democrático y de buen paladar, sin renunciar a una lágrima por las ballenas, y los “cayucos” que vienen navegando de África, repletos de negros que sueñan con bocaditos de aire, para entregar sus carnes a los tiburones.
Es lo bueno de trabajar en un catering: abre una puerta al absurdo, y al realismo político.

miércoles, 28 de marzo de 2007

¡Qué debute, la puesía!


Indispensable para cantar una “flor” en el Truco.

“Por el río Paraná
venía bajando un piojo,
con un hachazo en un ojo
y una flor en el ojal.”

Aporte al Día de la Poesía, por el Entendimiento Internacional y el Intercambio Cultural argento/galaico.