lunes, 19 de marzo de 2007

Ballet, gallinas y tomates


Uno de los participantes en este blog nos ha dado su visión particular del barrio El Mondongo, donde los malevos bailaban ballet. Seguramente los “mondongueros” dirán que las cosas son de otra manera, pero, al fin de cuentas los mitos son la suma de las visiones, o los delirios, de cada uno.
Eso me hizo recordar una novela de Gabriel Bañez, titulada “El curandero del cuarto oscuro”; historia de un “mano santa” platense, vinculado a la política. En esa novela, además de recordar con gula los bocaditos de dulce de leche “Euskalduna”, Bañez habla de El Mondongo. Dice que ante cada casa hay un coche que ya no camina, y que los habitantes de barrio lo usan para tomar mate, cómodamente sentados en su interior. También cuenta, si la memoria no me traiciona, que en algunos el motor ya no está, y que en su lugar hay tierra, donde crecen lozanas las plantas de tomates.
Nunca vi ningún auto que se pareciera a eso. Pero como las leyendas modifican la realidad, tal vez alguien decida hacer algo parecido.
Nunca un coche sembrado con tomates, pero sí gallinas en la azotea.
La Micaela, que vivía en la calle 64, casi 117 –dicho así parece muy de Nueva York- tenía gallinas en la terraza, o azotea. Ponían sus huevos o dormían bajo un corralito techado, pero el resto del día vagaban por la terraza, haciendo que la rutinaria tarea de tender ropa se volviera una aventura. Dejaban regalos por todas partes.
Y era de ver la cara de la gente, cuando pasaba por la calle y escuchaba el cacareo victorioso de la que acababa de poner un huevo. Levantaban los ojos y ahí estaba, bataraza, pinta o colorada, paseando su orgullo por la cornisa, a varios metros del suelo.
Si las gallinas caminaban por las cornisas, bien puede ser que todos los de El Mondongo tengan coches que no funcionan, para tomar mate a la sombra o plantar tomates, o que los más “tauras” y cuchilleros gastaran zapatillas de punta para lucirse en el “Cascanueces” o “El lago de los cisnes”.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado RA:
¡Bien por la oportuna recordación de las barritas Euskalduna! Las fabricaba un -como es obvio- vasco en la cocina de su casa, ubicada en la calle 6 entre 56 y 57, del lado de los pares; es decir, del lado de El Bosque. ¡Se estiraban cuando se calentaban dentro de la boca! Y dijeron que en alguna época se hicieron campeonatos para ver quién hacía el hilo de dulce de leche más largo, frecuentemente ganados por un pibe de Los Hornos quien, se decía tambièn, entrenaba mascando gutapercha durante los seis meses previos a la prueba. El premio, eran más barritas Euskalduna. El pibe de los Hornos, comentaron, murió de una infección molar causada por comer tanta azúcar.
Pero regresando a El Mondongo y su historia falaz y, por supuesto, su historia veraz. De "Euforión" (por Euforión de Calcis, primer director de la biblioteca de Alejandría), se afirmaba que dictaban cursos de lo que fuera. Había macramé y otras porquerías que enseñan por televisión algunas mujeres con expresión de estreñimiento. Pero tambièn había grupos de reflexión y discusión.
"El flagelo de las conciencias", periódico semanal salido de la rotoplana de don Calógero Pinni, promovía el anarquismo más radical que se pudiera. Las luchas fueron tan intensas que, oportunidades hubo, que don Calógero editó una sola página, de la que era exclusivo lector, contra la que escribía furibundas cartas de lector anatematizando el contenido del único artículo publicado, por supuesto que escrito por don Calógero. Cuando las relaciones con sus conmilitones eran buenas, las reuniones tomaban la forma auténtica y verdadera: un grupo de oración en el que, además de rezar el rosario nueve veces por día, oficiaban novenas y otros ritos. Cuando había corte de luz, aprovechaban y realizaban oficios tenebrarios, con gigantescos candelabros de pie, tantas veces empleados en las luchas contra el ateísmo apátrida y creciente en El Mondongo.
Pero los mondongueses -forma preferida por los tirifilos que lo poblaron- insistían en que su barrio era, en realidad, un suburbio francés. Por eso estimularon el arte en general e intentaron surgir como un 'fauburg' sentimental. Pero se trataba, como ya se dijo, de cagatintas y escribientes negados para la creación del espíritu y a nada llegaron.
De allí, a criar gallinas en la terraza, tomar mate en la Rural Fiat 1500 y jamás plantar hortensias en el habitáculo del motor ausente porque hace que las hijas se queden solteras, hay tan sólo un brevísimo paso.
No pasó lo mismo con los vecinos de Berisso, vecinos directos e indilectos de los mondongueses (ese villorrio comienza en la 122, pasando la vía, territorio que fue reivindicado como propio por algunos deportistas de El Mondongo que allí tenían una canchita), quienes sostuvieron su idiosincracia sin fisuras ni traiciones. Con clubes como "Trabajadores de la Carne", bailongos como "BOmberos Voluntarios" o los de la Sociedad Helénica que, cuando había trifulca, eran particularmente dolorosos. Dicen, claro.
El Mondongo ya no es lo que era. Yes. Pero nunca fue lo que dicen. Yes again.
Oídio del Peral, quien espera respuesta al reto dirigido al Rodolfo y a quien se ponga, ya que estamos.

Anónimo dijo...

He leído con atención las insinuaciones de diatriba suscitadas respecto de “El mondongo”, barriada platense de la que apenas una persona –si, sólo una- logró fama auténtica. Y me refiero al insigne médico René Favaloro. Considerando que el sector debe estar hoy habitado por algunas decenas de miles de personas y el tiempo trascurrido desde sus inicios como asentamiento, parece poco.
Los Hornos, de presencia habitual en los medios –es cierto que en los espacios policiales- ha mostrado una capacidad mediático superior, en mucho, a la lograda por “El mondongo”. Adviértase el uso de la minúscula inicial, totalmente intencionado.
No hay un solo barrio “El mondongo”: son más. Y no dudo que en sus estribaciones cercanas a El Carmen (¡El! Carmen), como si se fuera hacia Magdalena, el nombre puede derivar hasta “Er mordongo”, por la pertinaz crotería de sus vecinos.
Es cierto: hubo un minúsculo sector vinculado al arte que intentó potenciar las capacidades de Euforión, sólo en ocasiones campeón interbarrial de pelota a paleta y en una sola oportunidad, creo, de mus. Recuerdo sí a los jugadores de naipes cuando, con un equipo de la carrera de Arquitectura, hicimos una investigación sociológica y nos llamó la atención que, por sus arrugas horizontales en la frente, los contendientes parecía que se ponían las boinas a rosca.
Pero el sector auténticamente puro y diligente, contradiciendo la parcialidad de lo de “fauburg”, fue el más cercano a las facultades de Medicina y Veterinaria, casi lindante con El Bosque, aún denominado “Le mondóng”, con casas agradables de ver, automóviles lustrosos y con los motores en su lugar y preciosos jardines con hortensias rozagantes, quizás porque las niñas del lugar tendrán quienes las valoren como se debe.
En algún punto a unas cinco cuadras de la diagonal 79, pasando un poco Euforión, la cosa comienza a empeorar y se pone espesa. Ya no están los yuyales y bañados donde, juraron algunos, cazaron pecaríes. Pero el espíritu gaucho, indolente y holgazán, pervive.
Todo lo contrario con las gentes próximas a la avenida 60.
Atte. Juliana Aizcorbe de Tettamanti

Anónimo dijo...

Creo que la amiga Juliana se quedó en el tiempo, no conoce lo que es el barrio, del que se atreve a opinar, quisiera hacer una encuesta entre los cientos de profesionales desparramados en el país y el mundo sobre los recuerdos que tienen de los Hornos y cuales del Mondongo.
Gracias e esas personas que plantaban tomates en los autos (cosa que no ví) pero sí los que plantaban en cajones sobre el techo, o criaban gallinas en la terraza hoy somos alguien que atesora historia y recuerdos y tienen algo que los liga: una identidad: "Mondongueros"

Anónimo dijo...

A la final, esa Juliana, la mina finoli, tiene razón. Hay 'mondongueros', claro. Son los descendientes de los que fueron a la antigua escuela 43 ubicada entonces en 63 entre 117 y 118; la apodaron "la linyera" por la pobreza de sus alumnos y la crotedad de su edificio. Después, creo que fue en el 36, se mudó al edificio actual, en diagonal 79 y 115. Y dejó de ser "la linyera", lo mismo que los alumnos comenzaron a ser menos crotos.
Pero lo mejor, lo mejor más mejor, es que una de las más prestigiosas instituciones, social y deportiva, se llamó y sigue llamando: ¡FOR EVER! y está en 116 entre 62 y 63.
Y eso está más cerca del Bosque que otra cosa. Si, hay mondongueses y mondongueros. Me gustan más los primeros porque en la basura tiran mejores cosas. Y porque no tienen vergüenza de usar el idioma de la patronal.
José

Anónimo dijo...

"Mondonguero" es un insulto de la tradición odoniense, indicando que el receptor de dicho insulto es un ser indeseable o deshonroso. En el dialecto norteño del Tsapoual existen variantes como "munduengueiro" y "mundenzheiro".
Extraído de la wikipedia, para la que los mondongueses tendrían razón.
Ismael

Anónimo dijo...

Para Oidio del peral. Es cierto lo de la Sociedad Helénica, de la calle Rio de Janeiro, en Berisso. Muy cierto eso de que cuando habia kilombo era doloroso. Pero Oidio, ¿porque no contas donde te dolio cuando te quisiste atracar a alguna de nuestras pendejas? Entre nosotros, lo denominamos sexo a la turca. Y todos los del mondongo se morian de envidia de los de Berisso, porque viviamos cerca de los frigorificos y ellos tenian que pedalear como los de la vuelta de francia para ir al laburo.
Kostas Bourianaki, su seguro servidor

adela dijo...

Qué local se está volviendo todo...

Anónimo dijo...

Hola soy Rodolfo el hijo de la micaela -La Modista- y criadora de gallinas de altura Laburante e hijo de Laburantes. Aprendi a leer entre Euforion y La 43 y cada dia amo mas a mi barrio EL MONDONGO. Quiero decirle a Don Peral que tube la suerte de viajar mucho en el tranvia 25 ,baile en El Patio de la Morocha, Villa san Carlos, el Hogar Social y vi cine en el Victoria. Veranee en Palo Blanco, la Municipal e isla Paulino. Camine la Nueva York, comi en Internacional y tome en El Marsella. Evidentemente D.Peral Ud. era de los que pagaban en el London puticlub del puerto de Berisso y lo suyo es algo muy personal contra mi Barrio ,que paso, le AFANARON la novia en el Mondongo . Perdona que escriba tan mal no soy un cagatintas como vos.P.D. El titular de este blog alguna vez empujo zorras en la conserva de La Fabrica. P.D. 2 Gracias COLO, y si la señora del Peral tiene un bepi que lo llame Rodolfo pero el apellido lo ponga el que escribe tan bien.

Sapo violinista dijo...

A los que viven por allá podrá parecerles pintoresco que alguien tenga un auto sin motor, que lo use pa´tomar mate y le ponga plantitas. A los que vivimos por acá nos parece lo más normal. Es más, no entendemos a los que tienen un auto porque corre a 180, tiene aire que no es natural, música de MP3 y toda esa gansada. ¿A dónde quieren llegar?
Y no sólo autos. Los que vivimos por acá disfrutamos de tranvías en los que las maestras dictan clase, vagones ferroviarios anclados en playas de maniobras con gente que vive muy feliz en ellos, barcos fondeados hace décadas en la ribera del Riachuelo.
Volviendo al auto, en el nuestro nadie se rompe la crisma, no hay apuro por llegar a ningún lado porque sencillamente no se arranca.
Los del Mondongo no inventaron nada, son de acá, así de fácil.
Ah, y las gallinas, cuando andan por las cornisas, van a la cancha, a perder frente a Boca.

Gabriel Báñez dijo...

¿Que tomaban mate y salían plantas de los autos que estaban en El Mondongo? Para mí que Báñez está del tomate. Casi podría jurarlo.

Errea dijo...

Gabriel: Está claro que en mi referencia a "El curandero del cuarto oscuro" te cité de memoria, porque ya pasaron una punta de años desde que leí tu novela.
Pero, de eso estoy seguro, los mondongueros tenían ante sus casas autos que no andaban. De si los usaban para tomar mate o plantar tomates, ya no estoy tan seguro. En todo caso, dicen que las leyendas modifican la realidad y, en una de esas... quien te dice.
Eso sí, recuerdo que nombrabas al inventor de las barritas Euskalduna.
Un abrazo
Raúl Argemí