domingo, 3 de octubre de 2010

Apuntes de un desorientado


28 de setiembre. Viena. Sussana Mende, la traductora de mis novelas en Alemania, y esta vez también lazarillo de este mondonguero, me rescata en el aeropuerto. Festejan la “Die Kriminacht” -creo que es noche criminal- y leemos en la biblioteca central. Cuando llego hay un grupo con fotos mías, para que se las firme. Cada uno porta su lápiz especial para escribir sobre fotos. Son austríacos, claro. Parece que encuentran muy original que en la foto salga fumando. Yo, bah, alguien que veo firmar con mi mano, firma como si fuera Robert Deniro. Bueno, que tampoco es mucho más alto que yo. No me reconozco.
29- Entrevistas. ¿Por qué los periodistas de cultura se sienten en la obligación de mostrarse ingeniosos y cultos?
30- Frankfort. De cinco estrellas bajamos a media, pero con calor de hogar. En el hotel parece haber una convención de negros africanos. Día del traductor. La número uno es Sussana y voy de apoyo. Lectura en biblioteca y encuentro con Rosa Ribas, excelente narradora catalana de novela negra devenida vecina de Frankfort. Luego del chamullo carrera contra el hambre. Los alemanes cierran la cocina a las 10 de la noche, y andá a comer a la iglesia. Pero hay excepciones y me castigo folclóricamente con salchichas, puré y chucrut.
1 de octubre- Desayuno rodeado de africanos. Uno se equivoca y se sienta a mi mesa, pero enseguida sale corriendo y otros africanos le hacen un lugarcito. Ese no sabe que los sudacas somos todos negros. Tren a Unna/ Bönen, cuenca minera del Ruhr. Mis hoteles parecen la bolsa argentina o española, mis acciones suben a suite. Lectura por la noche con Claudia Piñeiro y Ariel Magnus, más moderador alemán que mejor olvidar, más dúo tanguero de guitarra y acordeón. El acordeonista es ciego, pero no fuma como el de Carriego. Tocan como los dioses. También hay empanadas tamaño alpargata. El sitio es pa’ una película de tiros: un edificio torre lleno de hierros, pasarelas y poleas gigantes, lo único que han dejado de una ciudad minera, sobre la boca de una mina de carbón cerrada. En serio, se cargaron la ciudad y plantaron mucho pastito. Joder con los mineros. Es parte de un festival en plan bestia que ocupa todas las ciudades de la región con novela negra. Ni que fueran brasileños por lo desmesurados.
Día 2- Dentro del mismo festival, lectura en Unna/Recklinghausen, que está un poco más allá. Vamos en coche. A 230 por hora. Acá no hay límite de velocidad, y para matarse mejor que sea con mucho ruido.
A la lectura se suma Helena Rüegg y su bandoneón. Un hallazgo muy afortunado. Estudió con Rodolfo Mederos y hasta sabe y canta un tango en jidish, lo que viene de puta madre para narrar “Siempre la misma música”, que en alemán se llama algo así como “Cuando el ángel toca esa canción”.
El hotel es una casona de rico de 1701 y tiene una fuente con un ángel. Me hago una foto con el ángel.
3 de octubre: Tren a Colonia, Frankfort y Bad Homburg, ciudad satélite de Frankfort. Hoy no tenemos lectura y flamean las banderas alemanas. Es el día de la reunificación.
Por la tarde peleo con un ordenador sin eñes y zetas y gano. Por la noche me zambullo en una bodega española y chamuyo con el camarero dominicano ¡Que alivio!. Paella, tinto de la casa y de postre brandy Veterano y café. ¡Ah! Por un rato casi estoy en casa. Pero en casa la Pepa incuba algo y tose. Ya me quiero volver.
Me voy a la cama con “Monstruos perfectos”, novela negra de Miguel Ángel Molfino, que estoy leyendo por segunda vez en este viaje y que cada vez me gusta más. ¿Será porque el Chaco, polvoriento, caluroso, desaliñado, compite con ventaja con este mundo de parques con todos los pastitos a la misma altura? ¿O será que uno nació para pobre? Gran cebador de tereré el Molfino, y pensar que ahora hasta escribe haikus, el Chaco puede con cualquiera.


ACOTACIÓN AL MARGEN
Para comprar cigarrillos en las máquinas que hay por ahí, uno tiene que pasar una tarjeta que lo acredita como mayor de 18 años. Pero en muchos sitios dejan una tarjeta, quien sabe de quien, colgada de una cadenita y es fácil ser mayor de 18. Todos somos berlusconianos, hasta en la germania.








3 comentarios:

fabricio dijo...

Un placer enorme leerte y saberte aún lúcido. Me reí con ganas y me sentí orgulloso de conocerte. Abrazos. Fabricio

moch dijo...

¿Y no irá a querer, necesitar, contratar, precisar, anhelar el señor autor de un guarura, cargador, cadenero, maletero, paje, palafrenero para tan complicados y enojosos andares?
Se suple el alemán con señas a la buena y soplamocos a la mala. Garantizamos protección y chascarrillos.

Anónimo dijo...

Her Argemi ojo con la Cristina (la de aca).
Salutte. RJA.